Mostrando entradas con la etiqueta filosofía griega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía griega. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de enero de 2022

Filosofía aristotélica





Índice:

1. FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA

2. FILOSOFÍA DEL SER

   2.1. CLASIFICACIÓN DE LOS SERES

   2.2. CAUSA PRIMERA

3. ÉTICA

   3.1. LA VIRTUD

   3.2. CLASES DE VIRTUDES

4. POLÍTICA



1. FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA

Aristóteles se ocupó de los seres corpóreos naturales y se propuso explicar sus cambios y los elementos que los componen.

Platón también había admitido la realidad del mundo sensible, pero apenas se había preocupado por observarlo y explicarlo, ya que para él la verdadera realidad se hallaba en el plano suprasensible.

En primer lugar, Aristóteles se enfrentó con el problema del movimiento. Para desvelar su auténtica naturaleza recurrió a las nociones máximamente universales de "acto" y "potencia".

Así, lo que cambia o se mueve es siempre un sujeto. Pero, además, ese sujeto adquiere siempre una perfección. Denominó a esta perfección "acto", y constituye el término y fin del movimiento.

Para adquirir un acto o perfección, el sujeto tiene que poder realmente adquirirlo, es decir, debe estar en potencia respecto a aquel. Así, por ejemplo, una semilla de olivo está en potencia de engendrar otro olivo, pero una semilla de almendro no lo está.

La "potencia" es una realidad intermedia entre el ser y el no ser; es un no ser todavía que hace posible el movimiento. No es algo terminado, como el acto; pero no es solo carencia, sino capacidad real de llegar a uno o a varios actos o perfecciones. Según lo anterior, Aristóteles definió el movimiento, como el paso de ser en potencia a ser en acto.

A partir de su explicación del movimiento, Aristóteles pudo elaborar su teoría sobre la estructura última de los seres materiales, a la que se ha denominado hilemorfismo. Así, Aristóteles llamó "materia" al sustrato potencial que permanece en el cambio de los entes materiales. A aquello que cambia lo llamó "forma" y constituye el principio que actualiza la materia.

El alma constituye la forma de un cuerpo apto para la vida. El cuerpo es entonces el principio material (materia) y potencial al que el alma da forma y actualiza. Por consiguiente, Aristóteles sostuvo la unión sustancial entre alma y cuerpo; no son dos sustancias, sino dos coprincipios de una única realidad: el ser vivo. De este modo, resolvió el problema del dualismo antropológico de Platón, para quien solo cabía una unión accidental entre alma y cuerpo.


2. LA FILOSOFÍA DEL SER

2.1 CLASIFICACIÓN DE LOS SERES

Aristóteles clasificó los seres en diez categorías o modos generales de ser en el orden real (ontológico), que se corresponden con la clasificación general de los conceptos en el orden lógico. Son la sustancia y nueve tipos de accidentes: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, posesión, acción y pasión.

En sentido estricto, Aristóteles aplicó el término sustancia a los seres individuales, a los que denominó sustancia primera, ya que son lo primero que conocemos (por ejemplo, Sócrates o este gato). También utilizó el término sustancia en sentido secundario, sustancia segunda, aplicado al concepto universal que se forma en la mente por la abstracción a partir de los individuos (por ejemplo, el concepto de hombre o el de animal). 

Solamente las sustancias primeras existen en la realidad; las sustancias segundas, en cambio, solo están en nuestro entendimiento.

Los accidentes, por su parte, son modificaciones que sobrevienen a la sustancia; son algo real, pero en cuanto se unen a ella. A diferencia de la sustancia, no existen en sí y por sí, sino en otro sujeto del que dependen, que es la sustancia.


Fuente: https://marsupial.blinklearning.com/


2.2 LA CAUSA PRIMERA

La filosofía aristotélica también tuvo por objeto la causa primera de todos los entes, cuestión que Aristóteles atendió haciendo referencia a una causa motora, distinta de lo movido. Como es imposible una serie infinita de motores y cosas movidas, ha de concluirse que ha de existir una primera causa del movimiento, a su vez inmóvil, a la que llamó Primer Motor Inmóvil. Esta sustancia tiene que ser, por lo tanto, eterna e inmaterial.


3. LA ÉTICA

La ética como saber filosófico surgió en Grecia cuando Sócrates se planteó, como una exigencia de cada ser humano, el logro de una vida buena, es decir, la perfección del propio modo de ser del hombre. Por lo tanto, frente a los sofistas, Platón y su maestro Sócrates no buscaron la virtud en el poder social y político, sino en una dimensión del alma que permite aquella perfección interior. Pero el alma, según la doctrina platónica, solo puede ser virtuosa si se esfuerza por retornar al mundo de las ideas. Aristóteles siguió los pasos de su maestro, por lo que su moral se puede caracterizar también como una búsqueda de la vida buena, es decir, de la felicidad (eudaimonía). Sin embargo, en coherencia con su visión del ser humano y del mundo físico, rechazó el recurso platónico a un mundo separado de ideas.


3.1 LA VIRTUD

Al igual que Sócrates y Platón, Aristóteles estimó que la virtud es algo que perfecciona al ser humano, lo ayuda a actuar bien y lo pone en el camino hacia una vida plena. Sin embargo, ofreció explicaciones más precisas que ellos acerca de su naturaleza. La verdadera virtud se define, según él, como un hábito que reúne tres rasgos: es adquirido, operativo y voluntario.

• La virtud es un hábito adquirido; porque es una cualidad o disposición estable (hábito) que se asienta sobre alguna facultad del hombre como, por ejemplo, la inteligencia y que se obtiene por la constante repetición de actos. No es algo, por lo tanto, con lo que el ser humano nazca.

• La virtud es un hábito operativo; porque posibilita la adecuada realización de los actos propios de la facultad que perfecciona. De este modo, predispone al hombre a actuar de un modo determinado.

• La virtud es un hábito voluntario; porque el camino de la virtud conlleva deliberación y elección, es decir, requiere la intervención del intelecto y la voluntad.

Como ya se expuso, el acto voluntario requiere el conocimiento del fin, la decisión de alcanzarlo, la elección de los medios y la firmeza en el obrar.

Esto se opone al intelectualismo de la ética socrática, ya que el hombre no siempre se aparta del bien por ignorancia, sino que a veces, voluntariamente, decide subordinar el bien superior a otros bienes inferiores o sensibles. El ser humano, por lo tanto, es responsable de su propio carácter ya que él mismo lo forma mediante los hábitos que adquiere.


3.2 CLASES DE VIRTUDES

Aristóteles dividió las virtudes en éticas o morales (fortaleza, templanza, justicia...) y

dianoéticas o intelectuales (prudencia, sabiduría..). Las primeras se refieren a la praxis. Gracias

a ellas, la parte apetitiva del alma –los apetitos sensibles y la voluntad ̶ realiza bien sus actos;

las segundas perfeccionan los actos de la inteligencia humana.


4. LA POLÍTICA

La sociabilidad brota de la misma esencia del ser humano. De hecho, quien creyese no necesitar de la sociedad sería una bestia o un dios, pero no un ser humano.

Aristóteles observó que existen tres niveles de comunidad social:

a) la familia, a la que se pertenece por nacimiento;

b)la aldea, que consiste en una reunión de familias;

c) la polis o ciudad-estado, que es una agrupación de aldeas organizadas bajo un mismo gobierno.

La familia y la aldea anteceden a la ciudad cronológicamente, pero la polis es anterior a ellas en cuanto a perfección y excelencia, ya que es el fin al que tienden el individuo y las otras comunidades naturales.

Aristóteles consideró que la mejor organización política es aquella donde los que gobiernan son idóneos y buscan el bien común por encima de intereses particulares. Distinguió tres sistemas de gobierno buenos y tres malos:

• Monarquía o gobierno de un individuo superior en virtud a los demás, cuya degradación es la tiranía, que es la peor forma de gobierno de todas las conocidas.

• Aristocracia o gobierno de unos pocos hombres selectos; su degeneración es la oligarquía.

• Politeía («república») o gobierno de muchos hombres buenos, cuya corrupción es la democracia o, más bien, la demagogia.


Filosofías aristotélica y platónica comparadas


jueves, 28 de octubre de 2021

LA FILOSOFÍA PLATÓNICA





«El mensaje de Platón, pues, es este: “convertirse” consiste en volverse desde las puras apariencias a la Verdad. O bien, desligarse de aquellas cosas que encadenan a la dimensión sensible y girarse hacia lo suprasensible. Dicho de otra forma, “convertirse” no es otra cosa que saberse separar de la multiplicidad desordenada de las cosas en las que yerran quienes no son filósofos para mirar a la Verdad. 

»He aquí la propuesta, entonces, que proviene de boca de Platón al hombre de hoy:“conviértete” sideseas ver la Verdad; sepárate de todas aquellas cosas que dispersan en la dimensión del hic [aquí] y del nunc [ahora] y trata de girarte para observar el Bien, si deseas generar orden y justa medida en todo el desorden que existe dentro y fuera de ti.»

(Giovanni Reale, La sabiduría antigua. Tratamiento para los males del hombre contemporáneo, Herder, Barcelona, 1995, pág. 244)


ÍNDICE:

1. Marco histórico y filosófico

2. Teoría de las ideas: dualismo ontológico

3. El Hombre: dualismo antropológico

4. El conocimiento: dualismo gnoseológico

5. Ética y Política


1. Marco histórico y filosófico

La vida y el pensamiento de Platón se desenvolvieron principalmente en Atenas, entre los siglos V y IV a.C. en el siglo V a.C., Atenas se había convertido en la polis más influyente de toda Grecia tras haber guiado al resto de las polis griegas hacia la victoria sobre los persas en las guerras Médicas (492-479 a.C.).

Más adelante, Atenas alcanzó su máxima grandeza durante el mandato de Pericles, quien fue elegido estratego (comandante en jefe) durante casi veinte años consecutivos. Este, según el historiador ateniense Tucídides, fue un gobernante insobornable que contaba con los ciudadanos y se preocupaba de educarlos en las leyes de la ciudad y en la libertad.

Pericles inició la llamada guerra del Peloponeso, que enfrentó a Atenas y sus ciudades aliadas contra Esparta y sus partidarios durante más de treinta años, entre 431 y 404 a.C. Sin embargo, el líder ateniense murió en el segundo año de las hostilidades y sus sucesores cometieron errores que facilitaron la victoria de los espartanos. 

Tras la rendición de Atenas se sustituyó el sistema democrático por la tiranía. Sin embargo, la tiranía fue reemplazada al poco tiempo por una democracia moderada, durante la cual Sócrates fue juzgado y condenado a muerte.

No es extraño que estos acontecimientos influyeran en las opiniones negativas de Platón sobre las formas de gobierno que se habían ido sucediendo en Atenas, ni que secundase a Sócrates en su llamamiento por la renovación de la polis. Como las circunstancias históricas hacían muy difícil cambiar la realidad política de su ciudad, se propuso proyectar un sistema político ideal, un Estado justo.

Se dice que Platón llegó a admirar la organización política de Esparta, que la había conducido a la estabilidad política y al éxito en la guerra. En Esparta reinaba una gran disciplina y una clara  estratificación de sus habitantes, lo cual pudo inspirarle la idea de la división de ciudadanos en clases, que no deben mezclarse en el Estado ideal.

Las condiciones sociales y políticas de la Grecia del momento afectaron al rumbo que tomó el saber filosófico. En un sistema democrático como en el que nació Platón, los ciudadanos podían participar en la vida pública no solo en función de los lazos de la sangre, como había sucedido en épocas anteriores, sino por los méritos de quien había sabido mejorar su posición social y económica.

La consolidación de la democracia con las reformas de Pericles hizo que la filosofía desplazara su centro de interés, desde la naturaleza o physis, hacia el hombre en su dimensión política y social. Platón no fue ajeno a esta situación y, por lo tanto, otorgó mucha importancia a la educación de los ciudadanos, dirigida principalmente a las clases destinadas a gobernar la ciudad.

La democracia ateniense era muy diferente de las democracias actuales, porque solo los varones libres, hijos de padre y madre atenienses, y que estaban al día en el pago de los impuestos eran ciudadanos, es decir, sujetos de derechos «cívicos». La mayoría de los habitantes de Atenas eran metekos («extranjeros») –que no podían participar en la vida política– o esclavos –que carecían de derechos–.


Sin embargo, hay que insistir en que el pensamiento ateniense había entrado en una etapa de humanismo, iniciada por los sofistas y Sócrates, en que la mirada se dirigía hacia los problemas de los hombres en su vida social y política.

En relación con los sofistas, a Platón le pareció un error que enseñasen a los jóvenes de Atenas que las leyes de la ciudad eran convencionales, y que lo bueno y lo justo eran relativos. Los hizo responsables, por ello, de que los gobernantes careciesen de principios morales y se hiciesen excesivamente ambiciosos, lo que desembocaría en el debilitamiento de Atenas y su completa derrota en la guerra del Peloponeso. 

Consideró que los sofistas eran sabios en apariencia, al contrario que los verdaderos filósofos, que son amantes de la verdad, y los criticó duramente por cobrar elevadas sumas de dinero.

Platón combatió su relativismo con la teoría de las ideas, porque estas –como se desarrollará más adelante– serían algo objetivo y universal, que puede alcanzarse mediante el esfuerzo por ir más allá del mundo sensible; el verdadero bien no es relativo, porque existe una idea suprema del Bien en sí, que nunca puede cambiar.

Frente a los sofistas, la gran figura intelectual de esta etapa fue Sócrates. Tenía tanta habilidad como los sofistas en el arte de dialogar y convencer, pero, a diferencia de ellos, buscaba alcanzar definiciones de conceptos verdaderos, con carácter universal y objetivo, no sometidos a la variable opinión de los  hombres. Platón lo siguió en su empeño por superar el relativismo y alcanzar verdades válidas para todos, que orientaran a los seres humanos hacia una vida virtuosa.

Cabe destacar, por último, que Platón contribuyó activamente en el contexto filosófico de su época con la fundación en Atenas de la Academia, tras la vuelta de su primer viaje a Sicilia, en 387 a.C. Fue algo así como la primera «universidad» de la historia, donde principalmente pretendía educar a futuros gobernantes por medio de la enseñanza, sobre todo, de la filosofía y las matemáticas. Su principal discípulo en la Academia sería Aristóteles.



2. TEORÍA DE LAS IDEAS. DUALISMO ONTOLÓGICO.


Platón heredó de los filósofos que lo precedieron dos cuestiones de suma importancia, a las que trató de dar una nueva respuesta:

1. Los presocráticos habían intentado desvelar la constitución de lo real, pero los principios que habían considerado –el arjé– no trascendían lo material, sensible y cambiante. Heráclito había llegado a afirmar que la realidad era puro devenir. Solamente Parménides había abandonado el camino de los sentidos y había sostenido que la razón muestra que, más allá de las apariencias sensibles, no hay más que un ser único e inmutable.

2. Los sofistas habían sostenido que el bien y el mal no pueden conocerse con certeza, por lo que concluían que las leyes de la ciudad eran relativas y cambiantes y que dependían en todo de la voluntad del hombre.


Para Sócrates, esta mentalidad estaba en el origen de la decadencia ateniense y de sus valores morales y políticos.

La reflexión sobre los interrogantes derivados de estos problemas condujo a Platón a desarrollar la teoría de las ideas, que fue central en su pensamiento y que le permitió explicar una extensa gama de temas filosóficos sobre la realidad, el ser humano, el conocimiento, la ética o la política.

La doctrina de las ideas implica que no hay una sola realidad, sino dos mundos o ámbitos distintos. Por ello ha podido ser calificada de dualismo ontológico.

• Hay un universo que podemos experimentar mediante los sentidos: a él pertenece todo aquello que vemos, oímos, tocamos, etc. Se trata del mundo sensible, compuesto de cosas materiales, cambiante y que da lugar a un conocimiento de opinión, por lo que se puede denominar mundo dóxico (del griego doxa, que significa «opinión»). En este mundo sensible quedarían integrados la pluralidad y el cambio defendidos por Heráclito.


• Además de este ámbito, para Platón existe otro tipo de realidad, un mundo suprasensible, que va más allá de lo que perciben nuestros sentidos.

Este otro mundo está constituido por ideas, esto es, realidades inmateriales e inmutables, que solo se pueden conocer mediante la razón y que posibilitan un saber universal y permanente, al contrario que el conocimiento sensible, que es particular y cambiante.


Platón considera que hay una realidad intermedia entre el mundo sensible y el inteligible, el Demiurgo, un ser bueno e inteligente, artífice del mundo físico donde nos encontramos. El Demiurgo confeccionó el mundo que nos rodea, pero no lo creó de la nada, ya que la noción judeo-cristiana de creación es ajena a la mentalidad griega de la época, que suponía la eternidad de la materia.


3. EL HOMBRE: DUALISMO ANTROPOLÓGICO.

Platón describe al hombre como un ser compuesto: un alma y un cuerpo unidos temporal y accidentalmente. El alma es la parte más alta y digna del ser humano, porque es semejante a las ideas; el cuerpo, por el contrario, es imperfecto y supone un obstáculo para el alma en su anhelo de alcanzar la contemplación de la verdad y el bien. Siguiendo la opinión de los pitagóricos, Platón consideró que el cuerpo es como una «cárcel» para el alma, de la que desea salir para vivir junto a las ideas.

¿Y cómo ha llegado el hombre a tener que vivir en un cuerpo? Sería debido a que el alma humana no posee una completa unidad, por lo que sus elementos no actúan en total armonía. Para intentar aclarar este razonamiento,

Platón expuso en el Fedro el mito del carro alado. Según este, el alma es como un carro tirado por dos caballos; uno es bueno y representa las inclinaciones o impulsos nobles, mientras que el otro simboliza los apetitos y deseos; el auriga o conductor es la razón, que debe dirigir a

ambos. Todo va bien mientras la razón gobierna al hombre. Pero cuando el deseo de placeres se desboca, la razón pierde el control, se quiebra la unidad del alma, y esta queda sujeta al mundo sensible. 

A través de la imagen del carro alado, Platón muestra que el alma consta de tres partes:

1. La racional, representada por el conductor del carro, que debe gobernar a todo el hombre, y conducirlo al conocimiento de las ideas.

2. La irascible, simbolizada por el caballo bueno, en la cual se encuentran los impulsos nobles, como la valentía.

3. La concupiscible o apetitiva, por la cual el hombre busca y desea el placer  sensible, y es arrastrado hacia lo material.


En el Timeo, Platón situó cada una de estas tres partes en la cabeza, en el pecho y en el vientre, respectivamente. 


Otra cuestión importante es saber qué le sucede al alma cuando se separa del cuerpo tras la muerte. De acuerdo con los pitagóricos, Platón sustentó que el alma es inmortal, pero, a diferencia de ellos, trató de razonarlo. Platón alegó, entre otros argumentos, que solo es posible que el alma posea la capacidad de conocer las ideas inmutables y eternas –y ciertamente puede, según mostró al tratar sobre el conocimiento humano–, si tiene una naturaleza semejante a ellas y, por lo tanto, si pertenece a su «esencia» perdurar aún cuando el cuerpo desaparezca. 

¿Y cuál es la meta del alma tras la muerte? El destino del alma consiste en alcanzar y contemplar nuevamente el mundo de las ideas. Sin embargo, para ello ha de liberarse plenamente de los impulsos que la atan al mundo sensible; en caso contrario, regresará una y otra vez a este, reencarnándose en otro cuerpo humano, o animal si su vida ha sido más propia de un irracional.

Solo podrá lograr su objetivo cuando esté enteramente purificada de lo terreno mediante una vida virtuosa.


4. EL CONOCIMIENTO: DUALISMO GNOSEOLÓGICO

Platón relató su famoso mito de la caverna en el libro VII de la La República, con el fin de ilustrar tanto su teoría del conocimiento como el resto de sus doctrinas filosóficas. Esta alegoría nos hace imaginar la existencia de unos prisioneros que llevan toda la vida encadenados en el interior de una caverna, de tal manera que solo pueden mirar hacia el fondo y observar unas sombras proyectadas en la pared, pero no pueden ver las cosas reales a las que pertenecen esas sombras. El problema de estos prisioneros es que no son conscientes de que son prisioneros ni de que lo que conocen no es la realidad. Solo con la ayuda de alguien podrían darse cuenta de lo limitada que es su visión y del engaño en el que viven, y ser así capaces de contemplar los objetos reales –que representan a las ideas– y salir de la cueva, donde brilla el Sol –que simboliza la idea del Bien–.

La salida de la caverna no es tarea fácil, sino que requiere sacrificio y esfuerzo. Así, cuando un prisionero es liberado y forzado a levantarse y a mirar a la luz, en un primer momento, no es capaz de ver nada, ni los objetos reales ni las sombras que antes percibía. Solo al cabo de un tiempo, los ojos se van acostumbrando a la claridad y, poco a poco, descubre que los objetos que ahora se le presentan son mucho más perfectos que sus sombras.

¿Y qué ocurriría si volviese a la caverna, al sitio que ocupaba antes?

Al principio, le costaría enormemente acostumbrar sus ojos a la oscuridad y apenas distinguiría nada. Más tarde, seguramente intentaría convencer a sus compañeros de que lo que han visto desde siempre no es real, sino sombras de la verdadera realidad. Ellos, sin embargo, considerarían que la ascensión lo ha trastornado. «Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz –escribe Platón en La República, en alusión al proceso y muerte de Sócrates–, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?»

El mito sugiere, entre otras ideas, que el hombre no puede conformarse con lo que percibe por los sentidos, sino que ha de traspasar la frontera de lo sensible y contemplar las ideas, que constituyen lo perfecto y pleno.


5. ÉTICA Y POLÍTICA

Platón otorgó mucha importancia a la ética, sobre todo porque vivió una época de crisis y decadencia de la cual, como es sabido, culpó al enfoque relativista con que los sofistas abordaron el análisis del bien y de la virtud.

Su maestro Sócrates, por el contrario, había transmitido la necesidad de indagar sobre la verdadera virtud y el verdadero bien.

Solo hay un camino para alcanzar la visión de las ideas: el cultivo de la sabiduría y de la virtud, que en el fondo, para Platón, se identifican.

La virtud no es una simple habilidad técnica, como proponían los sofistas, sino algo propio del alma, que le proporciona armonía y salud, porque permite que su parte racional regule las otras partes, es decir, los impulsos y deseos. 

Los cuatro tipos de virtudes que Platón expuso en el libro IV de La República son:

• La sabiduría o prudencia (sofía) es una virtud que radica en la parte racional del alma y proporciona a las otras partes el conocimiento de lo que es conveniente para ellas y para el conjunto del alma. Su misión es dirigir bien tanto a los miembros del alma como a los de la comunidad. Sabio es, por lo tanto, quien dirige sus acciones de acuerdo con la ciencia y no con la opinión.

• La valentía o fortaleza (andreía), por su parte, se asienta en el alma irascible y regula los impulsos y pasiones nobles. Con ella las pasiones se someten a la razón para distinguir lo que se debe de lo que no se debe temer. Por consiguiente, es valiente quien se esfuerza por hacer el bien, pero no lo es quien se esfuerza por apartarse de él.

• La moderación o templanza (sofrosíne) es la virtud propia del alma concupiscible y modera los deseos, para que el hombre haga uso de los placeres sensibles con medida y equilibrio. Actúa moderadamente quien guía sus apetitos y deseos según el dictado de la razón.

• La justicia (díke) consiste «en hacer lo que corresponde a cada uno de modo adecuado» y en «que cada uno no se apodere de lo ajeno ni sea privado de lo propio». En el caso del hombre individual, esta virtud lo capacita para que cada parte del alma realice la función que le corresponde, de manera que las partes inferiores se subordinen y sean gobernadas por la superior. En su dimensión social, una polis es justa cuando todos los ciudadanos desempeñan satisfactoriamente sus funciones dentro del conjunto y cumplen con su deber.


Teniendo en cuenta los problemas políticos de su tiempo, Platón no aceptó ningún sistema político concreto, sino que se planteó buscar la organización social ideal, perfecta, modelo para todas las polis, que aproximara a los hombres al bien y a la justicia. El hombre es a la vez individuo y ciudadano de la polis, de manera que si la polis es buena y justa, los individuos que la componen también lo serán, y viceversa.

En La República se afirma que la polis ideal debe estar compuesta de tres clases o grupos de ciudadanos, de manera semejante a como el alma está formada por tres partes diferentes. El Estado será bueno y justo en la medida en que cada una de esas clases se ocupe eficazmente de su cometido, sin que unas interfieran en otras. 

El grupo más reducido, pero más importante, estará constituido por los filósofos, dedicados al gobierno de la polis. El adecuado desarrollo de su cometido exige que sean educados en la virtud de la sabiduría o prudencia, que es la propia del alma racional. Ellos estarán en condiciones de conocer el bien en sí, la justicia en sí, la prudencia en sí, por lo que podrán tomar decisiones buenas, justas y prudentes, pensando en el bien de la ciudad y olvidándose de sus intereses particulares y egoístas.

Junto a ellos, los guardianes, más numerosos, deberán velar por la paz social interna y externa, cultivando especialmente la virtud de la valentía o fortaleza, propia del alma irascible.

Por último, existirá la clase de los productores, la más numerosa, constituida por campesinos, artesanos y comerciantes, quienes han de trabajar para todos y no solo para sí mismos, ya que el resto de ciudadanos (gobernantes y guardianes) tienen que dedicarse a otras tareas. Su virtud propia es la moderación o templanza, que regula los deseos del alma concupiscible, ya que han de usar los bienes que producen con medida porque han de pensar en la comunidad en su conjunto.

No puede olvidarse que Platón propone un modelo ideal de Estado y, por lo tanto, en gran medida utópico o irrealizable. Él mismo intentó varias veces llevarlo a la práctica sin éxito alguno.


jueves, 16 de septiembre de 2021


La espina dorsal de la noche 

Los humanos pensaron en otro tiempo que las estrellas eran hogueras y que la Vía Láctea era "el espinazo de la noche". En este fascinante capítulo, el Dr. Sagan nos llevará hasta la antigua Grecia, donde ya comenzaba a vislumbrarse la verdadera respuesta a la pregunta "¿Qué son las estrellas?". Después visitaremos el colegio de Brooklyn al que fue siendo niño y donde aún se plantea esa misma pregunta.

 

Ficha Técnica:

Guión: Carl Sagan, Ann Druyan y Steven Soter

Presentador: Carl Sagan

Producción: KCET

Año: 1980

País: Estados Unidos

Premios: Emmy y Peabody

Género: Documental


Sinopsis:

Cosmos es una serie documental de divulgación científica que se planteó difundir la historia de la astronomía y de la ciencia, reflexiones sobre el origen de la vida, concienciar sobre el lugar que ocupa nuestra especie y nuestro planeta en el universo y presentar las modernas visiones de la cosmología.

La filosofía es uno de los saberes que, junto con la ciencia y el mito, han tratado de dar respuesta a las preguntas fundamentales de la humanidad a lo largo de su historia. En este capítulo, el astrofísico y divulgador científico Carl Sagan viaja a través de la historia en busca de las más antiguas explicaciones que el hombre dio a la cuestión a la pregunta sobre qué son las estrellas. En este camino, Sagan se topará con el origen de la ciencia y la filosofía, en la Antigüedad griega, y con las respuestas que los pensadores presocráticos, basándose únicamente en su experiencia y en la razón, dieron a los diversos misterios naturales.

Actividades 

Identifica y explica alguna de las respuestas míticas a las preguntas sobre qué son las estrellas que aparecen en el documental.

¿Por qué crees que aquellas explicaciones míticas eran tan imaginativas y tan poco objetivas? ¿Qué valor podía tener contar estos «cuentos»?

¿Qué relación establecía el hombre primitivo entre dioses y naturaleza?

¿Qué gran idea surge en Samos en el siglo VI a. C.? Para responder a esta pregunta, utiliza los conceptos de cosmos y caos, explicando el significado que les atribuye Sagan.

-¿En tu opinión, puede la razón explicar toda la realidad? ¿Es necesario que los adultos sigamos contándonos cuentos o la ciencia es capaz de explicarnos satisfactoriamente todo?



martes, 14 de septiembre de 2021

El origen de la Filosofía. Los Presocráticos






«Lo que salta claramente a la vista en la figura humana de estos primeros filósofos […] es su peculiar actitud espiritual: su consagración incondicional al conocimiento, al estudio y la profundización del ser por sí mismo. Esta actitud pareció a los griegos posteriores, y aun a los contemporáneos, algo completamente paradójico, pero suscitó, al mismo tiempo, su más alta admiración. La sosegada indiferencia de aquellos investigadores por las cosas que parecían importantes al resto de los hombres, como el dinero, el honor, e incluso la casa y la familia; su aparente ceguera para sus propios intereses y su indiferencia ante las emociones de la plaza pública, dieron lugar a las conocidas anécdotas relativas a la actitud espiritual de aquellos pensadores que, recogidas especialmente por la Academia platónica y por la escuela peripatética, fueron puestas como ejemplo y modelo del bíos teoreticós, considerado por Platón como la verdadera praxis de los filósofos. En estas anécdotas, el filósofo es el gran extravagante, algo misterioso, pero digno de estima, que se levanta por encima de la sociedad de los hombres, o se separa deliberadamente de ella para consagrarse a sus estudios. Es ingenuo como un niño, torpe y poco práctico, y existe fuera de las condiciones del espacio y el tiempo. El sabio Tales, abstraído por la observación de algún fenómeno celeste, cae en un pozo, y su criada, natural de Tracia, se burla de él porque quiere saber las cosas del cielo y no ve lo que hay bajo sus pies. Pitágoras, al serle preguntado por qué vive, responde: “Para considerar el cielo y las estrellas”. Anaxágoras, acusado de no cuidar de su familia ni de su patria, señala con la mano hacia el cielo y dice: “Allí está mi patria”.»

 (W. Jaeger, Paideia: los ideales de la cultura griega, FCE, México, 1957, pág. 153)


ÍNDICE:

1. CONTEXTO HISTÓRICO, GEOGRÁFICO Y CULTURAL

2, LOS FILÓSOFOS DE MILETO: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES

3. LOS PITAGÓRICOS

4. HERÁCLITO

5. PARMÉNIDES

6. LOS PLURALISTAS: EMPÉDOCLES Y ANAXÁGORAS

7. LOS ATOMISTAS



1. CONTEXTO HISTÓRICO, GEOGRÁFICO Y CULTURAL

La filosofía tiene su comienzo histórico y geográfico entre finales del siglo VII y principios del siglo VI a. C., en una ciudad griega llamada Mileto, situada en la costa de Asia Menor, frente al mar Egeo. Pero, ¿por qué nace en Grecia?


Antigua Grecia


Una primera respuesta a esta cuestión es de carácter político y social. Hubo momentos en que las ciudades o polis griegas gozaron de la suficiente estabilidad política y económica para permitir la existencia de sabios que pudiesen dedicar tiempo a cultivar la ciencia y la sabiduría.

A la estabilidad sociopolítica hay que añadir el interés de los griegos por la educación y la  participación en la vida política, lo que indudablemente hizo que se preocuparan de cultivar el pensamiento y el saber. Por último, puede afirmarse que mostraron una gran confianza en la capacidad de la razón para conocer el mundo, y consideraron lo real como algo accesible para ella.


¿Y por qué surge el saber filosófico precisamente en Mileto? Porque los jonios, presionados por las invasiones de los pueblos dorios hacia el siglo XII a. C., se vieron obligados a desplazarse a las costas de Asia Menor. Con el paso del tiempo, las ciudades de Mileto, Éfeso o Samos alcanzaron un gran esplendor político y cultural. Por eso, en el siglo VI a.C. existía un clima que permitió el nacimiento de la filosofía en ellas.

Sin embargo, en el siglo siguiente, y debido a las invasiones de los persas, muchos de los hombres sabios, como es el caso de Pitágoras, se desplazaron hacia el sur de Italia y Sicilia, donde continuaron cultivando la filosofía.

Cuando se señala que el inicio de la filosofía en Grecia se caracterizó por el paso del mito al logos, se quiere decir que las respuestas basadas en relatos protagonizados por personajes sobrenaturales fueron dejando paso a otras fundadas en la razón. Este paso no fue brusco o repentino, sino un proceso lento, pues los primeros filósofos mezclaron sus explicaciones racionales con elementos mitológicos.


La filosofía griega empezó a alcanzar su plenitud a partir de Sócrates en la Atenas del siglo V a. C. Pero hasta llegar ahí se sucedieron un conjunto de pensadores que, por ser anteriores a él, reciben el nombre de presocráticos.

Estos pensadores centraron su interés en el problema cosmológico, es decir, en el origen y la naturaleza de la realidad material que nos rodea. Lo interesante no está en la variedad de respuestas que ofrecen, sino en su actitud de mirar al mundo, no detenerse en lo inmediato y proponer una explicación racional, más allá de los mitos o narraciones difundidas hasta el momento.


2, LOS FILÓSOFOS DE MILETO: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES

Tales fue uno de los siete sabios de Grecia. Vivió entre los siglos VII y VI a. C., como el resto de los filósofos de Mileto. Aristóteles nos dice que fue el primer filósofo que investigó sobre la physis y el arjé de las cosas. 

El término physis significa «naturaleza» y hace referencia a la esencia de algo, aquello  que permanece en la cosa a pesar de los cambios que pueda sufrir. El arjé es principio posibilitador de esa esencia.

Tales pensó que el arjé o primer principio de todo es el agua. Pero ¿por qué llegó a esta conclusión? Aristóteles señala que Tales fue de esta opinión porque observó que los alimentos son húmedos y que las semillas, que es de donde las cosas nacen, tienen una naturaleza húmeda.

Anaximandro pensaba que el principio de todo, el arjé, no podía ser algo tan concreto como el agua, sino que tenía que ser un principio material indeterminado e ilimitado. 

Anaximandro utilizó el término griego ápeiron para referirse a este principio y el concepto de separación de los contrarios para explicarlo. La primera pareja de contrarios que se disgregó del ápeiron fue la de lo frío y lo caliente, a partir de la cual procederían todos los demás opuestos y elementos materiales.

Anaxímenes fue discípulo de Anaximandro y el último de los filósofos de Mileto. Vivió entre los años 560 y 528 a. C. Aunque creyó, como su maestro, que el arjé era infinito, sin embargo lo situó en el aire, que es un elemento material determinado. 


3. LOS PITAGÓRICOS

En realidad, más que una escuela filosófica, los pitagóricos eran una especie de secta religiosa que vivía en comunidad, con un régimen muy riguroso. Consagraban su vida, sobre todo, al estudio y desarrollo de las matemáticas y la filosofía, que era la forma de lograr la purificación del alma.

Los pitagóricos centraron su atención en la cosmología aunque, a diferencia de los presocráticos, situaron el arjé en los números. El número par representa lo infinito o ilimitado, porque resulta infinitamente divisible, mientras que el número impar viene a ser lo finito o limitado, ya que no se puede dividir. Todas las cosas materiales están hechas de números, que a su vez están hechos de esta pareja de contrarios.

Los pitagóricos creían en la inmortalidad del alma y en las reencarnaciones. Según su doctrina, el alma solo se puede desligar completamente del cuerpo con la muerte, pero lo más probable es que se reencarne en otro cuerpo si no se encuentra totalmente purificada. 


4. HERÁCLITO

La experiencia del movimiento llevó a este sabio a entender que la realidad última, o su primer principio, no puede ser algo estático, como parecían defender los filósofos que le precedieron, sino que se encuentra en algo dinámico, en el mismo fluir o devenir que nos muestran los sentidos.

La esencia, la physis, de las cosas consiste en no estar acabadas y, por tanto, en ir haciéndose sin detenerse nunca. 

En continuidad con los milesios, Heráclito también señaló un arjé o principio de las cosas, que sitúa en el fuego. No es extraño que eligiera este elemento como principio de todo, ya que representa magníficamente el movimiento, puesto que el fuego todo lo destruye y lo transforma.


5. PARMÉNIDES

A Parménides le corresponde el mérito de ser el primer filósofo de la historia que se ocupó del concepto de ser como algo único y eterno.

Deduce que los sentidos intentan engañarnos, porque nos presentan la apariencia de que hay muchos seres y de que están en continua mutación. Solo mediante la razón podemos librarnos de las apariencias sensibles y descubrir el único ser que hay detrás de ellas. No es posible el cambio. El cambio es poder ser y poder ser es lo mismo que no ser.


6. LOS PLURALISTAS: EMPÉDOCLES Y ANAXÁGORAS

Los pensadores estudiados hasta ahora suelen ser llamados monistas, ya que señalaron un solo arjé o principio del que surgen todas las cosas.

En oposición a los monistas, durante el siglo V a. C. surgieron otros filósofos, a los que se denomina pluralistas, porque creyeron superar esa contradicción afirmando que hay varios arjés, o principios de las cosas.

Empédocles trató de dar solución a las posturas aparentemente irreconciliables de quienes, como Heráclito, defendían la realidad de la multiplicidad y el cambio, y quienes, como Parménides, afirmaban que la realidad es una y nada cambia. Propuso la existencia de varios arjés, que situó en cuatro elementos a los que llamó «raíces de todas las cosas»: tierra, agua, aire y fuego.

Anaxágoras: todo está hecho por la mezcla de innumerables entidades ilimitadamente pequeñas, invisibles y cualitativamente diferentes entre sí, a las que llama semillas o gérmenes –spérmata en griego–. Con ellas se explica la enorme variedad de cosas que encontramos en la realidad, porque todas las semillas están en todo, pero siempre hay alguna que predomina en la composición de cada cosa: en el pelo prevalecerá la semilla de pelo, en la carne, la de carne, y así con todas las cosas.


7. LOS ATOMISTAS

Los atomistas coincidieron con Empédocles y Anaxágoras en que el origen de todo debía encontrarse en una pluralidad de entidades, pero pensaron que dichas entidades debían ser todas cualitativamente iguales entre sí.

Llamaron a estos principios átomos y los imaginaron como partículas indivisibles. 

También juzgaron que eran invisibles y solo se diferenciaban entre sí por sus aspectos cuantitativos, es decir, por su figura, tamaño, orden y posición en el espacio.

Para explicar el movimiento y la multiplicidad de las cosas, acudieron al concepto de vacío. El movimiento es posible gracias a que los átomos pueden desplazarse en el vacío.